Artículo del periodista Victor Solvas publicado originalmente en el Anuario de la Música en Vivo 2017
La aprobación de la patente de Apple para capar las funciones de grabación en los smartphones durante espectáculos en directo vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre el uso de teléfonos en los conciertos.
Si nos hubieran preguntado hace unos años cuál era el gesto más habitual que podíamos ver en un concierto, diríamos que alzar los brazos al cielo, ondearlos siguiendo el ritmo de la música o saltar moviendo la cabeza al ritmo de la batería. Hoy, la respuesta es más simple: levantar nuestro teléfono para inmortalizar con un vídeo o una fotografía ese momento inolvidable y compartirlo en las redes sociales. En junio de 2016, ese gesto estuvo amenazado. Siete años después de su primer intento, Apple recibió la aprobación para desarrollar una tecnología que podía deshabilitar la función de grabación de las cámaras de los teléfonos en conciertos y otros espectáculos en directo.
Esta innovación, planteada hace más de un lustro, evitaría que los asistentes a un concierto violaran las leyes de copyright de los espectáculos. Pero, ¿es la grabación de los shows una preocupación para los artistas? Para el director de Cap-Cap, Xavi Manresa, no solo es algo “inevitable”, sino hasta “deseable”. La promoción que logran los artistas con los vídeos de sus fans es inmediata, directa y dirigida a su público objetivo, y si alguien no va a un concierto por esas imágenes, ¡él se lo pierde!”, enfatiza el promotor.
En una línea similar se pronuncia el periodista Nando Cruz, que simplifica el debate. “Si el público va a los conciertos con móvil, es porque el mundo es así”. Anular las funciones de vídeo y fotografía limitaría el uso de los teléfonos a llamadas, mensajes y emisión de luz, limitando el uso interactivo del que hoy en día hacen uso muchos artistas. Sin embargo, Cruz considera que “si lo único que interesa a los músicos del uso de los smartphones es la interacción, es que solo están pensando en su beneficio y provecho, mientras que la gente quiere hacer fotos para su uso privado, no para interactuar”, remata.
Un debate con recorrido
La aplicación de sistemas fotográficos y de vídeo en los teléfonos supuso todo un problema a afrontar a principios de este siglo XXI. Con el nivel que han logrado a día de hoy estas tecnologías, las conocidas grabaciones extraoficiales de artistas como Pink Floyd, Led Zeppelin y U2 que corrían por circuitos clandestinos podían normalizarse y llegar a un público mucho más amplio.
“Para los artistas ya no es un problema, simplemente se trata de un hábito del consumidor y no puedes poner vallas al campo. Al final, no se crea ningún perjuicio con las grabaciones, al contrario”, explica Manresa. Sin embargo, esto no ha sido siempre así. El promotor recuerda un concierto en la sala Razzmatazz de Barcelona en 2004 en el que la banda A Perfect Circle pidió como requisito no permitir la entrada de móviles. “Lograrlo fue misión casi imposible, una locura, pero la gente cumplió bastante bien y no se vieron muchos teléfonos”.
En general, el uso del teléfono para grabar y difundir imágenes por las redes es algo aceptado por los artistas, pero puede llegar a irritar al que está sobre el escenario. “Recuerdo a Greg Dulli pidiendo de rodillas al público del Primavera Sound que dejaran de grabarle, porque se estaba empleando a fondo para que disfrutaran de ese momento, no para que después pudieran repasar la actuación en casa”, apunta Cruz, que concede que a él como espectador le parece “un absurdo, aunque distinguiría entre hacer una foto y filmar canciones enteras”.
Andrés Calamaro mostró las mismas inquietudes que Dulli cuando emitió un comunicado en el que pedía a sus fans que guardaran sus teléfonos al considerar que se perdía “la vivencia y la experiencia” de un concierto. “No somos modelos de fotografías celulares ni estamos filmando un vídeo en vivo de mala calidad”, continuaba.
La grabación no es la única molestia que se puede causar al artista con el teléfono móvil.Desde flashes de luz hasta llamadas inoportunas han provocado, en más de una ocasión, la reacción de los presentes en la sala, tanto del público como del propio músico. Antes de que llegara Navidad, en el Auditorio Nacional de Madrid, el director William Christie detuvo a su orquestra en pleno ‘El Mesías’ de Händel por el sonido reiterado proveniente de un teléfono móvil. “Acaba usted de cargarse una de las obras más hermosas jamás escritas”, espetó el conductor antes de echar al espectador.
La patente de Apple llega con el debate sobre la filmación de conciertos superado, pero el buen uso del móvil en los espectáculos en directo sigue generando discusiones y situaciones por resolver.