En las últimas semanas, el debate en torno a la música en streaming, la forma en que se consume esta y si es o no justo el reparto de royalties para artistas y compositores, se ha reavivado. Un nuevo modelo «centrado en el artista» en las plataformas streaming por parte de Universal Music Group y Deezer, el aumento de la tarifa de suscripción en Spotify por primera vez en 14 años o el recorte de ingresos para creadores de ruido blanco en esta plataforma, son los temas que han vuelto a poner en boca la problemática en el reparto de los derechos de autor en la industria.
No se trata de un debate nuevo, esta controversia invade la industria musical desde la llegada de plataformas de streaming y con ellas el cambio de paradigma en torno al consumo de música. Era 2005 cuando YouTube irrumpía en la escena musical, como la primera plataforma streaming. A partir de ese momento la industria tuvo que replantearse el modelo de los derechos de autor. Aparecieron los royalties -pagos que reciben los autores, compositores o cantantes que son propietarios de derechos de autor por uso de su propiedad intelectual- en el streaming, desde su aparición, su gestión ha sido objeto de críticas y debates.
El pastel de los royalties se divide en muchas partes, –entre editoriales, discográficas, plataformas, distribuidoras, gestión y creadores y artistas-. Esto suscita descontentos por todas las partes, por no sentir una compensación total. Según un artículo de Sympathy for the Lawyer acerca de esta problemática, “los artistas critican los pocos ingresos que generan por número de reproducciones en plataformas de streaming, además de la poca transparencia que se tiene de las liquidaciones que cobran de los sellos y distribuidoras”. Pero no son lo únicos que critican este complicado modelo de reparto, sino que “editoriales y compositores reclaman mayor parte del pastel, ya que las discográficas (la música grabada) se lleva la mayor parte”.
En este mismo artículo hacen una aproximación de lo que sería el reparto por suscripciones en las plataformas de streaming como puede ser Spotify. Un 30% para estas plataformas, el 55% para discográficas y distribuidoras digitales y el 15% para las editoriales. De este reparto, los artistas y compositores, a través de una negociación, acuerdan con sus discográficas o distribuidoras los porcentajes que van a recibir de esos derechos de autor generados.
El pago que utilizan las plataformas de streaming para pagar los royalties a los artistas es el pago prorrateado. «Las reproducciones son obviamente las más importantes, pero también influyen si las reproducciones son de cuentas gratuitas o premium, los países en los que se escuche tu música, la forma en la que los anuncios le aparecen al usuario o los acuerdos entre la plataforma, las discográficas y las distribuidoras. A esto se le suma que los pagos van variando en función del número de suscriptores y la cantidad de artistas, es decir, que la oferta y la demanda influyen en el pago final”, apuntan en el artículo de SFTL.
Plataformas como Apple Music o Spotify, utilizan un modelo en el que los derechos de autor se asignan en función del total de reproducciones, dejando de un lado la popularidad o la interacción que tiene el oyente con esa música, un modelo en el que no se tiene en cuenta si son escuchas de calidad o pasivas. Modelo que según el portal de noticias industria musical: “ha enfrentado críticas crecientes por beneficiar desproporcionadamente a los artistas superestrella mientras deja a los talentos más pequeños y emergentes con ganancias magras”.
Ante esta problemática y debate constante en torno a los royalties, Universal Music Group y la plataforma francesa de streaming Deezer, se unen para proponer juntos un nuevo modelo de streaming “centrado en el artista”. Esta propuesta no se ha librado de críticas, la compañía europea de música independiente, IMPALA, a través de su página web, compartió sus preocupaciones. «Las preocupaciones planteadas incluyen si la propuesta podría conducir a un posible enfoque de dos niveles que impacte el trabajo de los sellos independientes, que representan el 80% de los nuevos lanzamientos». Además, el hecho de que Deezer solo haya tenido en cuenta a uno de los líderes del mercado como es UMG y no haya contado con el sector general.
Ya hablamos de esta iniciativa que busca priorizar a los artistas profesionales, recompensar el contenido de valor y eliminar el ruido no producido por artistas, con un modelo para favorecer un entorno de streaming más equitativo para los músicos. Spotify, también se pronunció recientemente sobre el ‘ruido blanco’. Este término se refiere a aquellos sonidos como la lluvia, el viento o el canto de los pájaros y que mucha gente escucha para relajarse o meditar. Ahora Spotify ha tomado la decisión de no incluir a los creadores de estos podcasts de ruido blanco en el programa de Anuncios de Embajadores, un programa que ofrece a los creadores de podcasts la oportunidad de recibir pagos por promover productos de la plataforma. Este ha sido una fuente de ingresos para muchos creadores que ahora se verán excluidos por dedicarse exclusivamente a este ruido blanco. Según un artículo de industria musical: “Spotify considera que pagar por mensajes promocionales en podcasts donde la mayoría de los oyentes tienen el audio en segundo plano no es la mejor manera de utilizar sus presupuestos de marketing, especialmente en un momento en el que están buscando reducir costos”.
Esta decisión ha podido ser dada por los desafíos a los que se enfrenta la plataforma, la lucha entre la rentabilidad y la diversidad de contenidos. De hecho, a finales de julio, Spotify incrementó el precio de todos sus planes, siendo la primera vez en 14 años. Este incremento de precio se produce, según SFTL, después de que la plataforma anunciara despidos y una reestructuración de su división de podcasts en un comunicado oficial, que afectaría al 2% de la plantilla total de la empresa. Además, la compañía también anunció pérdidas operativas de 156 millones de euros en el primer trimestre del año y el día después de anunciar la subida de precio, las acciones de la compañía cayeron un 14%.
Antes de que se produjera este aumento, SFTL planteó la posibilidad de que el incremento de los precios fuera una de las soluciones para abordar el complicado problema del reparto de royalties en la industria del streaming. Spotify, sin lugar a dudas, se enfrenta a una serie de desafíos cruciales en este punto de inflexión: “Por un lado, aumentar los precios de la suscripción sin perder clientes por el camino para que el consumo digital se mantenga en crecimiento y, por el otro, hacer que el streaming pague más a los creadores de música. Esto es recuperar un valor más real de la música”. Aunque Spotify argumenta que el aumento de precios busca mejorar la experiencia del usuario, no ha hecho declaraciones claras sobre cómo esto beneficiará a los músicos y compositores. Si bien el incremento en el precio puede parecer insignificante y su impacto en los ingresos de los creadores podría ser limitado, marca el comienzo de un cambio de paradigma en la industria musical.


