Los festivales de música en Europa atraviesan uno de los momentos más complejos de los últimos años. El aumento de los costes, la inflación, la escalada de los cachés artísticos, los fenómenos meteorológicos extremos y la incertidumbre en torno a la financiación están tensionando un modelo que, pese a todo, sigue apostando por preservar su identidad cultural y su compromiso con el público. Así lo refleja «Under Pressure But Still Standing», el nuevo informe publicado por la red europea Live DMA, elaborado a partir de entrevistas con 16 festivales de ocho países europeos.
El estudio ofrece una radiografía de los retos estructurales que afrontan los organizadores y de las estrategias que están adoptando para mantener el equilibrio entre la viabilidad económica, la accesibilidad y la sostenibilidad de sus proyectos.
Fuente Live DMA
El incremento de los costes
Uno de los principales problemas detectados es el incremento generalizado de los costes de producción. Los organizadores aseguran que prácticamente todas las partidas, programación artística, infraestructuras, transporte, logística o personal, han experimentado subidas de entre un 20% y un 30% anual en los últimos años.
Mientras tanto, muchas de las fuentes tradicionales de ingresos permanecen estancadas o incluso disminuyen, generando un creciente desequilibrio entre gastos e ingresos que obliga a replantear continuamente la planificación de los festivales.
La venta de entradas
La venta de entradas continúa siendo la principal fuente de ingresos para los festivales, representando entre el 40% y el 70% del presupuesto. Sin embargo, muchos organizadores evitan repercutir el aumento de los costes en el precio de los tickets para no dificultar el acceso del público.
Para mantener ese equilibrio, el informe recoge iniciativas como las entradas anticipadas, descuentos para estudiantes, tarifas reducidas para personas con menos recursos o formatos que combinan actividades gratuitas y de pago.
La gestión de los equipos
El informe también aborda el impacto que estas circunstancias tienen sobre los equipos de trabajo. En algunos festivales, los costes laborales se han convertido en la principal partida presupuestaria, mientras que otros continúan funcionando principalmente gracias al trabajo voluntario.
Los organizadores describen además la preparación de un festival como una actividad marcada por jornadas prolongadas, exigencia física y desgaste emocional, aunque destacan que la motivación por contribuir al desarrollo cultural y social de sus comunidades sigue siendo uno de los principales motores del sector.
El impacto del cambio climático
Los fenómenos meteorológicos extremos aparecen como otro de los factores que más incertidumbre generan. Sequías, tormentas, lluvias intensas y olas de calor afectan cada vez con mayor frecuencia a la planificación, las infraestructuras, la experiencia del público y la viabilidad económica de los festivales.
Según recoge el informe, muchos organizadores consideran que una sola edición con resultados negativos puede comprometer la continuidad de sus proyectos.
El papel de los festivales
La investigación también refleja cómo el papel de los festivales ha evolucionado en los últimos años. Además de la programación musical, cada vez se espera que impulsen iniciativas relacionadas con la sostenibilidad ambiental, la accesibilidad, la inclusión, la salud mental o la creación de comunidad.
Sin embargo, los organizadores consideran que ese mayor impacto social no siempre se traduce en un mayor respaldo institucional. Algunos de los participantes estiman que las ayudas públicas representan únicamente alrededor del 5% de su presupuesto, pese a la contribución cultural y social que realizan estos eventos.
El informe se basa en entrevistas realizadas a responsables de 16 festivales de Bélgica, Estonia, Francia, Hungría, Italia, Noruega, Países Bajos y Suiza. La muestra incluye desde festivales gestionados íntegramente por voluntariado hasta organizaciones con 15 empleados permanentes y presupuestos que oscilan entre 60.000 euros y 3,5 millones de euros.
Con este estudio, Live DMA, red europea que representa a más de 3.000 salas, clubes y festivales de 18 países, busca ofrecer una visión detallada de los retos que afronta actualmente el sector de la música en directo y contribuir al debate sobre las políticas de apoyo a la cultura en Europa.
Descarga el informe completo aquí.


